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Luis Vidales (Bogotá, 1922)
En el rincón oscuro del café la orquesta es un extraño surtidor. La música se riega sobre las cabelleras. Pasa largamente por la nuca de los borrachos dormidos. Recorre las aristas de los cuadros ambula por las patas de los asientos y de las mesas y gesticulante y quebrada va pasando a rachas por el aire turbio. En mi plato sube por el pastel desamparado y lo recorre como lo recorrería una mosca. Intonsamente da vueltas en un botón de mi d'orsey. Luego -desbordada- se expande en el ambiente. Entonces todo es más amplio y como sin orillas... Por fin desciende la marea y quedan cada vez más lejanas más lejanas unas islas de temblor en el aire. (Escrito en 1922 y publicado en El Espectador en 1923, más tarde incluido en Suenan timbres, 1926. Este fue el poema que produjo la consagración del joven Vidales: "Cuando llegué al café Windsor con mi poema bajo el ala, [Luis] Tejada sufrió un verdadero transporte. Subió sobre la mesa y echando a vuelo su sombrero de anchísimas alas, exclamó ante el estupor de los ganaderos de la Sabana, habituales, junto con nosotros, de ese único café de la Bogotá de entonces: "Carajo, todo el mundo a descubrirse,: acaba de nacer un gran poeta en Colombia". Fue esa mi carta de ciudadanía poética".) Escuchar este poema en Real Player (Recitado por Carlos Vidales) |