Lo que Quevedo quiso decir pero no pudo

Carlos Vidales

Érase un hombre a una internet pegado;
érase una internet superlativa;
érase un cyber-pollo a la deriva
entre un millón de WEBos empollado.

Érase un cyber-loco enajenado
llevando el alma en su jompeich cautiva,
por un capricho de su suerte esquiva
en un mar de WEBadas naufragado.

Era un brujo febril del forwardeo,
exorcista de emailes y ventanas,
monaguillo fatal del deleteo.

Era un cyber-creyente peregrino
en el éter azul, pateando ranas
entre un trago de ron y otro de vino.



Carlos Vidales
(c) 1996