La Rana Dorada
Carlos Vidales ©


El idiota imperfecto



"El que esté libre de idioteces, que tire el primer chorro de babas" , dijo Nuestro Señor.

Bueno, sus palabras no fueron ésas exactamente, pero para el caso da lo mismo. Porque lo que voy a comentar es el más delicioso chorro de babas que he saboreado en mucho tiempo. Ahí va.

Con el título agresivo de "El perfecto idiota latinoamericano" , entrega Mario Vargas Llosa un interesante artículo en el diario El País (domingo 11-02-1996). Se trata de un comentario y una promoción publicitaria del libro "Manual del perfecto idiota latinoamericano" , recién publicado por el hijo de Vargas Llosa en sociedad con el cubano Carlos Montaner y el colombiano Plinio Apuleyo Mendoza.

Como todavía no he leído el libro, no puedo decir nada sobre él (ver nota). Por eso me limito a comentar el comentario de Mario Vargas Llosa. El ilustre escritor presenta el libro en cuestión indicando que el perfecto idiota latinoamericano

    cree que somos pobres porque ellos son ricos y viceversa, que la historia es una exitosa conspiración de malos contra buenos en los que aquéllos siempre ganan y nosotros siempre perdemos...

O sea (pienso yo), el perfecto idiota latinoamericano no existe. Es solamente la caricatura grotesca de un izquierdista idiota, que nada tiene que ver con el izquierdista inteligente, de la misma manera que los neoliberales idiotas tienen poco que ver con los neoliberales inteligentes. Pero Vargas Llosa continúa, implacable, con su diagnóstico: el perfecto idiota latinoamericano

    ...no tiene empacho en navegar en el cyberespacio, sentirse on line y abominar del consumismo...

¿O sea (pienso yo, sobresaltado), todos los izquierdistas latinoamericanos que usamos los medios modernos de comunicación somos idiotas perfectos? ¿Dónde está el límite? ¿Podemos usar los teléfonos pero no la Internet? ¿Tal vez el telégrafo pero no el teléfono? ¿Quizás el correo pero no el telégrafo? ¿Los chasquis incaicos pero no el correo a caballo? ¿El lenguaje hablado pero no el escrito? En suma ¿dónde comienza la comunicación entre seres humanos a clasificarse como "consumismo" ? Que me lo explique un idiota neoliberal, porque ningún idiota izquierdista me lo ha podido explicar. Gracias.

Vargas Llosa (el papá) continúa presentándonos el libro de Vargas Llosa (el hijo) y sus dos amigos, Mendoza y Montaner. Para hacer corto el cuento, se trata de una obra escrita con una

    despiadada autocrítica que lleva a sus autores a incluir sus propias idioteces en la deliciosa antología de la estupidez que, a modo de bibliografía, clausura el libro.

¡Renacuajos y zanahorias (pienso yo), entonces se trata de un libro escrito no solamente por ex-izquierdistas, sino además por ex-idiotas ! Hasta ahora yo me había imaginado, pobre de mí, que un idiota izquierdista que se volvía derechista no era más que un idiota derechista. Pero no, de ninguna manera: según se deduce del artículo de Vargas Llosa, un idiota izquierdista que se vuelve derechista queda convertido en un derechista inteligente . Algunos mal pensados y peor intencionados podrán deducir de aquí que el más inteligente de los derechistas no le llega a los zapatos al más idiota de los izquierdistas, pero lo que en realidad parece querer decir Mario Vargas Llosa es, en últimas, que el izquierdismo latinoamericano es una forma perfecta de la idiotez.

Esto se confirma en ese párrafo espectacular del artículo en que Vargas Llosa denuncia la insensata estupidez de todas las doctrinas sociológicas que atribuyen la responsabilidad de las injusticias sociales, el hambre, la miseria y otras lacras a

    chivos expiatorios (el imperialismo, el neocolonialismo, las trasnacionales, los injustos términos de intercambio, el Pentágono, la CIA, el Fondo Monetario Internacional, etcétera)...

Y concluye con esta perla:

    Sin proponérselo, Mendoza, Montaner y Vargas Llosa parecen haber llegado en sus investigaciones sobre la idiotez intelectual en América Latina a la misma conclusión que el economista norteamericano Harrison, quien, en un polémico ensayo, aseguró hace algunos años que el subdesarrollo es 'una enfermedad mental' .

Oígase bien, entiendan los que puedan y sufran los idiotas que no pueden: el subdesarrollo es una enfermedad mental. La realidad es una paranoia. El hambre de millones de seres humanos es una alucinación. El planeta está poblado por siete mil millones de sujetos, de los cuales seis mil quinientos millones tienen en la cabeza la insensata locura de creerse pobres. La Deuda Externa latinoamericana es un producto de la fantasía (lo cual no significa, ni mucho menos, que no deba pagarse, porque una cosa es estar cuerdo y otra cosa es ser sinvergüenza).

No sé si ustedes, hermanos de manicomio, se dan cuenta de las enormes posibilidades teóricas que abre esta nueva doctrina de la enajenación perfecta. En primer lugar, basta con declararse ex-idiota para recibir certificado inmediato de salud mental. Tal vez hasta le perdonen a uno el crimen horrible de haber sido izquierdista. Es verdad que Vargas Llosa dice que la idiotez existe en todas las posiciones políticas e ideológicas, pero los ejemplos que pone indican claramente que esto no es más que una fórmula de cortesía.

En segundo lugar, la idiotez de adjudicarle culpas históricas a agentes tan imaginarios y ficticios como el colonialismo, el imperialismo o los centros de control financiero, debe expresarse necesariamente en otros terrenos de la actividad intelectual. Tiene que haber una correlación entre esta locura y ciertas formas de arte (porque podremos ser muy neoliberales, pero no hay nada más sabroso que practicar el stalinismo en provecho propio). Por eso dice Mario Vargas Llosa que la enfermedad mental del subdesarrollo

    aparece sobre todo como debilidad y cobardía frente a la realidad real y como una propensión neurótica a eludirla sustituyéndole una realidad ficticia . No es extraño que un continente con estas inclinaciones fuera la tierra propicia del surrealismo, que encontró en ella un medio ambiente abonado donde se aclimataron y florecieron espléndidamente lo real maravilloso, la belleza convulsiva del ensueño y la desconfianza hacia lo racional .

¡Aleluya! ¡El realismo socialista del camarada Stalin ha muerto, viva el realismo neoliberal del ciudadano Vargas Llosa! La literatura mágica de García Márquez ha sido puesta en su sitio como propensión neurótica a eludir la realidad . Ya era hora. Una vez declarado el subdesarrollo como enfermedad mental, fácil es definir el carácter pernicioso, neurótico, psicopatológico del arte que no se ajuste a los diagnósticos clínicos de la sensatez oficial. Una vez que definimos qué parte de la realidad tiene permiso de existir, podemos establecer qué literatura es cobarde y débil frente a la realidad real que hemos autorizado a existir.

Esto, por supuesto, es muy conveniente, porque en lugar de la incómoda tarea de darle un puñetazo en la cara a García Márquez cuando nos encontremos con él (cosa que Vargas Llosa ya hizo una vez, sin duda para explicarle a Gabo cómo funciona el realismo neoliberal ), cumpliremos con el sagrado deber de entregarlo a los terapeutas que habrán de internarlo en un centro de rehabilitación mental, para que aprenda a escribir correctamente.

La estética neoliberal ha sido fundada. Y ya es policial , incluso antes de haber llegado al poder. Incluso habiendo perdido las elecciones. Por ese camino, muy pronto tendremos una genética neoliberal, una geometría neoliberal, una astronomía neoliberal, una técnica neoliberal de jugar el ajedrez y hasta una manera neoliberal de hacer las necesidades.

La última delicia del artículo de Vargas Llosa es ésta:

    Nadie está exento de sucumbir en algún momento de su vida a este género de idiotez (yo mismo aparezco en la antología con una cita perversa).

O sea: Ni Dios se libra. O mejor dicho: Antes, Mario Vargas Llosa era perfecto, y ahora, además, es modesto. El virus de la idiotez izquierdizante es tan universal y contagioso, que incluso Vargas Llosa (el papá), nada menos que Vargas Llosa (el papá), alguna vez cayó en sus redes. Bienaventurados los pobres de espíritu.

En cuanto a mí, puedo decirlo: yo no he sido nunca un idiota perfecto, aunque soy latinoamericano. La prueba de mi imperfección es, entre otras cosas, que me gusta la literatura de Mario Vargas Llosa, aunque no comparto su ideología. Por eso he escrito esta nota con el mayor respeto posible, tratando de evitar el crudo y agresivo léxico que me encanta usar con entusiasmo quevediano, a cualquier hora del día y de la noche.

Valga esta última aclaración para tranquilizar a algunos de mis amigos, que se han sentido sobresaltados por ciertas expresiones de mis anteriores artículos, a las cuales consideran indecentes. Yo les aconsejo leer a don Francisco de Quevedo y Villegas, gigante de la literatura española, quien es probablemente el más querido de mis maestros en lo que toca al idioma, aunque aborrezco su antisemitismo feroz y su ideología reaccionaria. De Quevedo aprendí que todas las partes de la anatomía humana tienen su nombre y que ese nombre cumple altas y dignas funciones literarias, en la misma medida en que constituye una parte de la realidad.

Aunque -quién sabe- es posible que con la nueva filosofía neoliberal, ahora resulte que también el culo sea una simple alucinación paranoica.


C.V. (Estocolmo, 1996).




Nota: Después de escribir este artículo tuve la penosa oportunidad de leer el libro en cuestión. No encontré en él una sola idea propia y sí un sartal de vulgaridades mal copiadas de otros. Lo único en esa obra que tiene algún mérito literario es el prólogo escrito por Vargas Llosa (el papá), que por fortuna para mí es el mismo artículo que aquí comento. Esa es otra de las ventajas del neoliberalismo: uno escribe un solo texto y cobra dos veces por él. Una vez como artículo y otra vez como prólogo. "Si el diablo los ha de llevar, que los lleve en buena mula" , dicen los indígenas compatriotas de Vargas Llosa.