La del alba sería. El sol dudaba
si una nueva jornada intentaría,
pues la noche sus sombras prodigaba
y la luna naciente se crecía.
La aurora el horizonte sonrosaba.
El hondo cielo astral palidecía.
Un llanto de rocío acongojaba
el llano, el monte, la arboleda umbría.
Ladró un perro sus hondas soledades,
sus quejas, sus ternuras, sus saudades
con largos y tristísimos reclamos;
y en la senda, un maltrecho caballero
juntando fuerzas, dijo a su escudero:
"Ladran, Sancho. Señal... que cabalgamos."
Carlos Vidales
(c) 2001

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