Amanece

Carlos Vidales

Ahora recita el cielo
un pájaro pulsátil
fugitiva metáfora
y el témpano glacial prepara sus arroyos
allá en la altura
lejos de esta colina verde y viva
madre de sombras y raíces
ahora el río disfruta el sol
ahí el poema
una gallina explora los granos acosados
por torrentes de hormigas
la noche agonizante
sangra
un manantial de ranas
una cascada de universos crece en la retina
la semilla
como la escalera del pórtico
refulge en el miedo del rocío
la flor
el follaje
mi cuarto
el gato en el sillón
todos a una
intuyen ahora un huracán de soles
la melancolía
mastica
un lánguido recuerdo
la melancolía
acaricia un perro muerto
golpea en el corazón
el pulso de las aguas
la sombra se esconde
detrás de una brizna de hierba
y bajo el yelmo azul
el cielo, digo
el aire tararea cien pájaros volando...

en mi jardín
el sembrador que fui
interroga botones recién brotados
cuál nos dará, pregunta, el fruto prometido
maderas aún dormidas bajan por el río
el perro juega, so pena de ladridos
el jardín hace alarde de hormigas
la fuente crece en formidable tren
por la colina
engendra la memoria
hojas y ramas secas del verano
mineral energía sacude la cafetera en la cocina
levántate
levántate y anda
dibuja el viento un gallo
en el amurallado bastión de mis olvidos
amarra
la luz naciente de la aurora
los árboles y el sueño,
y el niño que lloraba
el aire busca su sombra
entre las sombras
crece en el ojo el vuelo de las aves
la vertiente desafía la timidez del hielo
la noche vierte, insisto
desde su acribillada oscuridad
un manantial de ranas
saluda a gritos el gallo
y desenrolla
un río de limones
una voz cae y se rompe en mil pedruscos
una brizna de hierba reza humildemente
y da gracias al suelo
arrastra el viento una que otra galaxia
mientras un huracán de vacas muertas
desmelena la ventana del televisor
torbellino de cadáveres
estadistas
refugiados
bendiciones papales
niños negros con forma de esqueletos
sideral el follaje
a pesar de los árboles cae todavía el aire
preñado de moscas
y camarógrafos
sobre las víctimas de la última masacre
el cosmonauta busca
el fuego allá, lejos
(las llamas no le dejan ver el fuego)
la eternidad amasa en el sol
alguna profecía de Nostradamus
en el pórtico, incansablemente
la escalera sube y baja
la metáfora canta
en el amanecer del gallo
resuena en el ojo, digo
el escándalo de las noticias matutinas
un átomo de esperanza es lo único que pido,
alucinado
la muerte está muy viva, señor embajador
el pájaro
la orilla
el sembrador
los ríos estridentes de limones
una hormiga que arrastra un universo
por el sendero que conduce a mi poema
el estrépito insensato de los gallos
todo eso y mucho más es lo único que pido
el aire tararea cien pájaros volando
el cosmos confiesa que no entiende
a los filósofos
oh, amanece
y en el filo de la cimitarra
un destello de vida ilumina las pupilas
del condenado a muerte
con el follaje cae
un lánguido recuerdo de cien veranos muertos
en el fondo del mar nace una ola
todavía no sabe qué va a hacer en la vida
pero ya lleva en su cofia blanca
la imagen soleada de una playa remota
y la risa de un niño entre castillos de arena...

Carlos Vidales
(c) 2000