His Holiness The Dalai Lama 

10 de marzo 2005  


Declaración de Su Santidad el Dalai Lama en el 46º aniversario
del Día del Levantamiento Nacional Tibetano

En este 46º aniversario del Levantamiento del Pueblo Tibetano, quisiera extender mis saludos más cálidos a mis compatriotas tibetanos tanto en el Tíbet como en el exilio y a nuestros amigos en todo el mundo.

Durante estas últimas cuatro décadas han habido grandes cambios en el Tíbet. Se ha visto mucho progreso económico junto con el desarrollo de infraestructuras. Un ejemplo es el enlace del ferrocarril que se está construyendo entre Golmud y Lhasa. Sin embargo, durante el mismo periodo periodistas independientes y viajeros al Tíbet han escrito mucho sobre la verdadera situación en el Tíbet y no sobre lo que se les ha mostrado. En su mayoría hablan de una situación bien distinta a la que alega el Gobierno chino, y critican China abiertamente por la falta de derechos humanos, libertad religiosa y autonomía en el Tíbet. Lo que realmente ha ocurrido y sigue ocurriendo es que desde que se estableció la Región Autónoma del Tíbet la verdadera autoridad la han ejercido los líderes chinos. En lo que se refiere al pueblo tibetano, éste se ha enfrentado a sospechas y restricciones cada vez mayores. La falta de una verdadera igualdad étnica y de la armonía basada en la confianza, y la ausencia de una genuina estabilidad en el Tíbet demuestran claramente que las cosas no andan bien en aquel país y que básicamente existe un problema.

De vez en cuando destacados y respetados líderes tibetanos en el Tíbet se han pronunciado sobre esto e incluso han sufrido debido a sus actos valerosos. A principios de los años 60 el difunto Panchen Lama perfiló los sufrimientos y las aspiraciones del pueblo tibetano en la petición que hizo a los líderes chinos. En su reciente biografía en inglés Bapa Phuntsok Wangyai, uno de los líderes tibetanos comunistas más relevantes, habla en profundidad sobre la necesidad de hacer frente a los intereses del pueblo tibetano. De hecho, queda claro que en el fondo de sus corazones la mayoría de los oficiales tibetanos más importantes en el Tíbet están seriamente insatisfechos.

Este año el Gobierno chino celebrará el 40º aniversario del establecimiento de la Región Autónoma del Tíbet. Habrá mucho jolgorio y muchos actos conmemorativos para celebrar dicha ocasión, pero estos no tendrán sentido al no reflejar las realidades fundamentales. Por ejemplo, en su día se celebraron con gran pompa el Gran Salto Hacia Delante y la Revolución Cultural como verdaderos logros.

China ha logrado enormes progresos económicos durante las últimas dos décadas. Mucho ha cambiado y China no es hoy en día lo que fue hace veinte o treinta años. Como consecuencia, se ha convertido en una presencia importante en el mundo, y en justicia se merece dicho puesto. Es una nación grande con una población enorme y una rica y antigua civilización. Sin embargo, la imagen de China está empañada por su historial de derechos humanos, sus acciones no democráticas, la falta de un estado de derecho y la desigual implementación de los derechos autonómicos de las minorías, entre las que se incluyen los tibetanos. Esto da lugar a más recelo y desconfianza por parte del mundo exterior, y dentro del país constituye un obstáculo para la unidad y la estabilidad que son de la máxima importancia para los líderes de la República Popular de China. En mi opinión, es importante que al convertirse en una nación poderosa y respetable China pueda adoptar con confianza una política razonable.

El mundo en general, de la que China forma parte, está cambiando a mejor. Últimamente hay más conciencia y se aprecian más la paz, la no violencia, la democracia, la justicia y la protección del medio ambiente. La reciente reacción sin precedentes de gobiernos e individuos en todo el mundo con respecto a las víctimas del tsunami reafirma que el mundo es verdaderamente interdependiente y la importancia de la responsabilidad universal.

Mi implicación en los asuntos del Tíbet no tiene como objetivo reivindicar ciertos derechos personales o un puesto político para mi persona o pretender unas reivindicaciones para la administración tibetana en el exilio. En una declaración formal en 1992 dejé muy claro que cuando regresemos al Tíbet con cierto grado de libertad no ocuparé ningún cargo en el Gobierno Tibetano ni cualquier otro cargo político y que se disolvería la actual administración tibetana en el exilio. Además, los tibetanos que trabajan en el Tíbet deberán seguir con la misma responsabilidad de administrar aquel país.

Quiero tranquilizar de nuevo a las autoridades chinas y decirles que mientras sea responsable para los asuntos del Tíbet seguiremos firmemente comprometidos con la Vía de en Medio, sin pretender la independencia del Tíbet, y que estamos dispuestos a permanecer dentro de la República Popular de China. Estoy convencido de que a la larga semejante planteamiento beneficiará al pueblo tibetano en su progreso material. Es alentador ver que en distintas partes del mundo se apoya este planteamiento como algo razonable, realista y de beneficio mutuo tanto para los chinos como para los tibetanos. Me anima especialmente el reconocimiento y apoyo expresado en ciertos sectores del círculo intelectual dentro de China.

Me congratulo de los renovados contactos con las autoridades chinas y de que la tercera vuelta de reuniones en septiembre pasado haya demostrado que nuestra relación está mejorando poco a poco. Ahora que nuestros líderes políticos elegidos están asumiendo una mayor responsabilidad en los asuntos tibetanos les he aconsejado que estudien las cuestiones planteadas por China durante nuestra tercera ronda de reuniones y que tomen medidas para resolver o esclarecerlas según sea necesario. Seguimos optimistas de que con el tiempo lograremos desarrollar la necesaria confianza y resolver esta antigua cuestión en nuestro beneficio mutuo.

Para concluir, quisiera aprovechar esta oportunidad para expresar la gratitud y el aprecio del pueblo tibetano hacia el pueblo y el Gobierno de la India por su firme solidaridad y apoyo. Me siento profundamente una parte de esta nación, no sólo por los lazos religiosos y culturales que han unido la India y el Tíbet durante siglos sino también porque la mayoría de los tibetanos en el exilio y yo hemos vivido en la India durante los últimos 45 años.

Ofrezco mis oraciones para los valientes hombres y mujeres del Tíbet que dieron sus vidas por la causa de la libertad del Tíbet.

El Dalai Lama
10 de marzo 2005



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